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September - October 2009
Photograph by Karl Mondon

          

          Juan Diego Flórez habla en exclusiva sobre el próximo concierto en Perú, PressPeru, 17 September  2009 
          "El cantante de ópera debe ser como un deportista",  Magazine de La Vanguardia, 20 September 2009
          Tenor takes to the high C's like a duck to water, Contra Costa Times, 12 October 2009


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Juan Diego Flórez habla en exclusiva sobre el próximo concierto en Perú 
PressPeru, 17 September  2009 

Desde su casa, ubicada en Italia, el tenor peruano Juan Diego Flórez se comunicó en exclusiva con la prensa peruana para dar detalles de lo que será su  presentación en el Estadio Miguel Grau del Callao el próximo 14 de Noviembre. A continuación los detalles de la comunicación telefónica:

Sobre concierto en Estadio Miguel Grau del Callao

Estoy contento de hacer un concierto popular. No hago muchos conciertos así por el mundo y es muy bueno porque no solo te presentas a un público de ópera sino a gente que ama la música en general. Es muy especial para mí que sea en el Callao. Hay que recordar que de ahí surgió nuestro primer tenor Alejandro Granda y se han hecho producciones de mucho nivel en el Festival que se realiza cada año y que lleva su nombre. Además como anécdota en el Callao hay un monumento a Bartolomé Salom y yo soy Juan Diego Flórez Salom.

Sobre la situación de los teatros en Lima

El Perú está bastante atrasado en lo que se refiere a teatros. En países vecinos hay teatros en las ciudades y cada uno de ellos cuenta con sus propias temporadas de ópera, ballet y música. Me parece que esa es una necesidad importante en nuestro país el logar que teatros acojan temporadas propias.  Es una mentira decir que si la economía va mal no se debe invertir en eso. La cultura ayuda y siempre se debe invertir en ella.

Sobre la posibilidad de que se inaugure el Teatro Nacional

El gobierno tiene que promover todo eso, pero siempre es importante el apoyo de la inversión privada. Sería importante tener un teatro que pueda absorber a los grandes elencos: a la Sinfónica, al Coro Nacional y al Ballet Nacional. Yo desearía que pudiéramos tener dos teatros: El nacional y el municipal. Eso sería un milagro, pero lo bueno es que ya se está reconstruyendo el Municipal.

Sobre la una ola de visita de artistas líricos y de ópera como Il Divo , Paul Potts, Ten Tenors y Plácido Domingo.

Todos han puesto un grano de arena en el campo musical, pero hay que hacer la diferencia entre quienes somos cantantes de ópera que cantamos en teatros como Plácido o yo y los que pertenecen a esta nueva corriente que se llama Crossover y que tienen una técnica operística en sus interpretaciones y hacen conciertos masivos como Bochelli o IL Divo y también incluyen piezas de opera en su repertorio pero que no se presentan en teatros. Ellos cantan pop y también incluyen "Arias" es decir tienen técnica operística, yo en lo personal los aprecio y admiro mucho.

Sobre los elogios que tuvo Plácido Domingo hacia Juan Diego en su última visita a Lima

Para mí es un gran honor que tenga buenas palabras hacía mi. Plácido es un ídolo y siempre es admirado por eso para mí es un logro y una gran responsabilidad. En una ocasión recuerdo que lo llamé y el me dijo que sintonizara determinado canal porque iba a hablar de mí. Así lo hizo y tuvo unas lindas palabras. Esas son para mí grandes satisfacciones.

Sobre la posibilidad de compartir escenario con Plácido Domingo en el futuro.

Se ha planteado la idea de hacer una ópera titulada Atahualpa del compositor Carlo Enrico Pasta. Apenas recibí esta partitura tuve la idea de hacerla con Plácido y sé que a él ya le mostraron la partitura y le agrada la idea. Él sería Atahualpa, que es barítono y yo sería Hernando de Soto que es tenor.  Quedaría poder agendar una fecha para hacer coincidir nuestras agendas. Sería ideal poder inaugurar el Teatro Nacional con esta pieza pero las agendas de la ópera se programan con 4 o 5 años de anticipación.

Sobre el concierto del 14 de Noviembre en el Estadio Miguel Grau del Callao
.
La primera parte del programa será de ópera y la segunda de música popular. En esta segunda parte participarán artistas nacionales como Pedro Suárez Vértiz, Gianmarco y Magaly Solier. Yo supe del trabajo de Magaly cuando la película La Teta Asustada ganó el Festival de Berlín, eso resonó mucho acá en Europa. Supe también que quería ser como Ima Sumac  y que es una chica que tiene muchas ganas de cantar. Sé que su repertorio es en quechua así que de repente canto en quechua. Yo quería que el concierto no sea de puros hombres y que participe también una mujer así que ensayaremos.

Cada uno de los artistas invitados cantará dos temas,  uno solo y una conmigo. El repertorio es sorpresa y ya ha quedado casi definido. Con Pedro cantaré un tema que se llama Nadia. Lo importante es que será una noche variada donde habrá piezas clásicas y populares. Sé que que la gente va a disfrutar mucho esa noche.

Reflexión a los jóvenes del Callao.
Es muy importante que los jóvenes disfruten la música. Quiero decirles que no existe la música que es mejor o peor que otra. La música es una, es salvadora y puede hacer milagros.
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"El cantante de ópera debe ser como un deportista"
Marino Rodríguez, Magazine de La Vanguardia, 20 September 2009

Ningún otro cantante operístico ha recibido tan grandes y tan unánimes elogios en los últimos tiempos como Juan Diego Flórez. Ningún otro ha hecho un bis en la Scala desde que Toscanini lo prohibió en 1933. Pavarotti le señaló como su relevo, pero es más bien el heredero natural de Alfredo Kraus, su máxima referencia: como él, es un tenor ligero que borda los sobreagudos más endiablados. Dechado de elegancia no en vano cree que esa es la esencia del belcantismo, su especialidad, tanto en la escena como fuera de ella, el tenor peruano es, a sus 36 años, el nuevo príncipe de la ópera

Su voz es una de las más bellas de la lírica de los últimos tiempos. Hay quien habla de ella como de un milagro natural, un don divino

Don natural... En mi caso no ha sido tan evidente. No se puede decir que cuando yo comencé a cantar tuviera una voz especialmente hermosa. Yo comencé cantado pop y música criolla peruana, y también tuve un grupo de rock con el que interpretábamos, por ejemplo, temas de Led Zeppelin. Componía mis canciones Me consideraba sobre todo un creador de canciones románticas. Era un chavalillo, tenía 15 o 16 años

La época en la que actuaba en bares de Lima.

Sí, sobre todo en piano bares de Barranco, el barrio bohemio. Todavía estaba en el colegio y presentaba un show con mis canciones, con canciones peruanas, canciones de los Beatles También actuaba en un pub que administraba mi madre. Yo siempre caía por allí con mi enamoradita de la época, como no teníamos plata, para tomar unos tragos y para estar ahí con la música Cuando no estaba el cantante habitual, entonces cantaba yo. Me pasaba varias horas cantando boleros cubanos, rancheras mexicanas, canciones de Elvis Presley y hacía bailar a todo el mundo. Me querían todos los que iban por allí, era como la mascotita.

¿Era cuando le llamaban Pajarito?

Ah así es como me decían en el colegio Ja, ja porque era muy flaco.

Del pop-rock a la ópera. Menudo salto...

Sí, claro (risas), es muy diferente lo que hago ahora, pero yo respeto y admiro todas las músicas, así que considero muy positivo todo aquel bagaje de mi adolescencia. Después comencé a frecuentar escuelas de música para aprender guitarra, piano, solfeo, y terminé en el conservatorio. Con las clases de canto y luego ya cuando entré en el Coro Nacional mi voz se fue domando, evolucionando poco a poco, hasta que me fui al Curtis Institute de Filadelfia

¿Entonces, cualquiera, con aprendizaje y dedicación, puede llegar a ser un gran cantante de ópera?

Quizá sí que hay que tener algunas dotes innatas para el canto, pero me refiero más bien a una cualidad natural para el ritmo, para la melodía, para cantar una melodía sin desafinarla. Ahora, la voz, eso sí se va desarrollando. Para mí fue un proceso de obligación a mi arte, y poco a poco la fui mejorando. Digamos que yo también era una esponja, yo aprendía muy rápido. Absorbía todo lo que se me decía. Y para mí fue fundamental el encuentro con mi compatriota el tenor Ernesto Palacio, que ahora es mi mánager. Él vio enseguida que tenía una voz especialmente dotada para el repertorio belcantista y que tenía que centrarme en eso.

Un buen ejemplo de lo importante que es encontrar al maestro ideal, pues Palacio fue, como usted, un especialista en el belcantismo italiano del XIX, en las óperas de Rossini, Bellini y Donizetti.

¡Claro! Me comenzó a dar consejos de técnica e interpretación, cosas naturales, no grandes secretos, que a mí me ayudaron inmediatamente. Así, mientras yo estaba tratando de cantar oscureciendo la voz, que es lo que te enseñan en todo el mundo: "Canta todo más redondo, más redondo", te dicen, Palacio me insistió en hacer lo contrario: cantar más claro todo. Y así mi voz comenzó a ganar en agudos y en expresión. Pasé en poco tiempo de ser un estudiante que sí, que cantaba bien, a un tenor que sorprendía en el conservatorio de Filadelfia. Todo el mundo decía: "Pero ¿qué pasó?". Me acuerdo de que un colega de estudios me dijo un día: "Pero chico, tú ya estás cantando como de un millón de dólares". Muy americana la frase, ¿no?

Desde luego. Pero tenía razón: usted no ha parado de encadenar éxitos y elogios desde su mismísimo debut en el año 96, cuando sustituyó al tenor titular en una ópera en el Festival de Pésaro. Pero volviendo atrás un instante: ¿no echa un poco de menos a veces los tiempos bohemios, rebeldes, de su época de cantante adolescente?

No. Ya tuve mis tiempos de bohemia, como le dije. Y también la viví con mi papá, que fue un buen intérprete de música criolla. Mis padres se divorciaron cuando yo era muy niño, pero a veces venía mi papá a casa y tocaba la guitarra, y le acompañaba también a sus presentaciones en teatros, en las peñas, que es como llamamos allí a los locales donde se canta música criolla.

No se puede ser cantante de ópera y bohemio, juerguista, trasnochador...

Yo ahora vivo en Italia, en Pesaro precisamente, pero en mis vacaciones, cuando voy a Lima, sigo viviendo esa bohemia y lo disfruto. Toco la guitarra y canto... Incluso entre funciones cada vez me doy más tiempo libre para salir, para estar con amigos. Claro que no puedo amanecer en lugares donde hay humo o bailando hasta las 6 de la mañana, aunque a veces sí lo he hecho. Alguna vez se puede hacer. Pero esta carrera es muy delicada, y es muy importante estar bien físicamente. Si un día no duermes tus ocho horas, la voz no está bien. La voz tiene que estar muy descansada, y para eso hay que dormir bien, comer bien, llevar una vida lo más regular posible.

Algo muy difícil para un cantante de ópera de carrera internacional.

Sí, nosotros viajamos siempre, cambiamos de horario, de continente Es muy loca nuestra vida, siempre en aviones, en hoteles diferentes Pero hay que intentar tener una regularidad dentro de esta irregularidad. Te acostumbras. Para mí es muy importante viajar siempre con mi esposa.

Pero hace poco de eso. Se casaron el año pasado...

Ya estamos juntos desde hace seis años. Viajar con tu pareja es muy importante porque te da una cierta estabilidad. La del cantante es una vida solitaria e inestable, y tener una persona que te centre, que te dé una estabilidad, ayuda muchísimo. Las mujeres cantantes lo tienen más difícil. Todavía hoy en día, lamentablemente, existen esas desigualdades y es mucho más difícil que un hombre siga a la mujer. Hay muchas que dejan la carrera al tener hijos porque, claro, prefieren estar con la familia.

Un mundo de soledades el de la ópera, y ¿un mundo conservador aún? Se ven aún pocos jóvenes en camiseta en los teatros...

Hay un poco más de apertura, sobre todo en Estados Unidos, donde ves cada vez más público en camiseta, en vaqueros. Pero yo creo que a la gente le gusta también prepararse de una manera especial para ir a la ópera, para vivir esa fascinación, ese ritual.

Pero hay quien piensa que bajo el ritual se esconde un mundo un tanto, digamos, cerrado.

Sí. El público de la ópera tiene que renovarse; si no, va a haber una falta de público. La gente mayor sigue siendo mayoría en la ópera, pero en mi caso muchos de mis fans más acérrimos son jóvenes, y eso me da mucho gusto. Y además son muy eclécticos, tienen muchos intereses

Los bises que usted ha dado en varios teatros rompiendo la norma, no escrita, de no parar la representación han hecho correr ríos de tinta y provocado alguna controversia. ¿No debe la ópera recuperar espontaneidad y mantener esa pasión que no tienen otras artes? Esa que lleva a que la gente abuchee o se desgañite gritando bravo al final de la representación.

A mí me gusta esa pasión. Es un ambiente de mucha efervescencia, de mucha ebullición. Hay gente muy entendida, gente apasionada y que dice lo que piensa. A veces, con razones absurdas, pero, bueno, ahí está. Es difícil que en una ópera de Wagner alguien pida un bis, es otro tipo de teatro, pero en el belcanto, en parte de Verdi, si te piden el bis, hay que darlo. Es parte del teatro, de la época que se está reviviendo en la representación. Sí, hay mucha cerrazón en ese sentido, sobre todo por parte de los directores de orquesta y de los escénicos, que cuadriculan las cosas: "Tú no puedes hacer esto, tú tienes que seguir este tiempo que yo te doy". A veces vas a ver una ópera y sientes que no hay frescura que está todo demasiado medido.

Ha dicho usted que los cantantes deben volver a tener un papel central en la ópera, tras la época dominada por los directores musicales y la de los directores escénicos, y que con la crisis los teatros les necesitan más que nunca, pues ustedes son quienes más atraen al público...

A veces pasa que una ópera se centra más en la producción que en lo que realmente es canto Yo creo que es negativo darle toda la importancia a la producción, o a esos directores que se saben que son provocadores y crean expectación. Los medios de comunicación suelen centrarlo todo en ese sentido. Y me refiero sobre todo a ciertos tipos de repertorios. Hay muchos matices, hay que considerar el repertorio que se está haciendo, qué tipo de ópera, si es una ópera donde el canto es muy importante, donde las arias son muy conocidas Si no tienes al cantante ¿qué tienes?

Y hay que reconocer que el interés dramático de muchas óperas...

Claro, claro... Estamos en la época de lo visual y mucho de lo que sucede tiene que ver con eso. Pero al cantante, por muy moderna y visual que sea la producción, no se le puede relegar a una posición secundaria. Y a mí me gusta lo moderno, ¡eh!

Se supone que lo ideal es llegar a un equilibrio de todos los elementos, ¿no?

Exacto: la ópera es un conjunto de todo. No puedo decir que la ópera es sólo canto, yo que apuesto mucho por la actuación, y, sobre todo, para mí la ópera es teatro, es una manifestación de teatro, teatro cantado, pero teatro. Tampoco estoy de acuerdo con que el cantante se pare en medio del escenario y esté cómodo. Tiene que haber un compromiso. El cantante tiene que adquirir una posición donde no se deje penalizar porque, al final, el que sube al escenario es él.

Siguiendo con lo visual, cada vez hay más retransmisiones de óperas en cines, en directo y en alta definición, incluso transoceánicas, y el género no es ajeno al fenómeno de internet.

Sí, ahora cantas en un teatro y al acabar la actuación ya estás colgado en internet.

¿Eso es estupendo o terrible?

Las dos cosas. Por un lado, es magnífico poder llegar a más gente, pero por el otro, no te puedes equivocar. No te puedes equivocar porque estás en todos lados. Los cantantes nos equivocamos mucho, pero antes era todo un momento que pasaba. Era un arte con todos los defectos que son parte de él, pero pasaban dos horas de ópera y pasaban Pero ahora todo es grabado, ahora todo es transmitido o es colgado en la red por los fans, y todo el mundo lo ve. Eso es una presión, una tensión añadida importante. Nos obliga a prepararnos para estar siempre al cien por cien.

¿Y cómo lleva usted esa presión?

Yo la llevo bien, porque de hecho soy de los que no hacen nada si no tiene presión. Soy de aquellos que están siempre en el dead line, como dicen los americanos, al límite del tiempo. La presión ha sido siempre para mí un motor. Yo no voy a tope hasta que tengo, al menos, un ensayo general con público. Me pasa también en mi hobby, que es la composición. Ahora he empezado a preparar una pieza para un disco de música sacra que sacaré el próximo año. Será una pieza de tema sacro y de estilo sudamericano. Y sé que no voy a terminarla hasta el último instante.

Usted se ha mantenido en un repertorio limitado. Para algunos, demasiado limitado incluso. Ni siquiera ha incorporado las grandes óperas de Mozart que parecen compatibles con su voz.

Es cierto, los Mozart podrían ya estar en mi repertorio. Pero me cuido y voy reduciendo las funciones de ópera que hago. Y también realizo muchos recitales y conciertos. Y los teatros no me quieren para Mozart, pues hay otros muchos cantantes que cantan sus obras, ya que vocalmente no son difíciles. A mí me quieren, sobre todo, para todas esas obras belcantistas que muy pocos cantantes interpretan. Yo, contento, porque me encanta este repertorio. Pero soy consciente de que en el futuro mi voz va a necesitar algunos descansos vocales. Entonces, entre óperas virtuosas y difíciles, intercalaré algún Mozart.

Pero anunció que cantaría Così fan tutte en el Teatro Real...

Era un proyecto que habíamos pensado con Antonio Moral, el actual director artístico, y como habrá cambio en ese puesto pues lo he anulado. Si preparo un proyecto con alguien, me gusta llevarlo a cabo con esa persona.

Con el Liceu sí que hay prevista colaboración para varias temporadas.

Sí, además de la Fille du regiment y el recital de la próxima temporada, ya está cerrada una Linda de Chamonix, y también se está hablando de un Sonnanbula.

¿Se siente especialmente bien en España?

Sí. Se podría decir que es el país base de mi carrera. Aquí hay algo especial, hay un cariño especial hacia mí, lo siento, por parte del público, de los teatros, de la prensa

Dedicó usted un disco a Rubini, al que se conocía como el cantante de la lágrima en la voz. ¿Uno de los objetivos del cantante es lograr hacer llorar al espectador?

Bueno, si cantas un aria muy cómica, mejor es hacerlos reír (risas). Pero sí, todo cantante aspira a tocar a quien le escucha, al público, en lo más hondo. Pero, ojo, eso debe hacerse dentro de la naturalidad de la música, sin énfasis, sin efectismos.

Pues al belcantismo se le acusa un poco de eso, de efectista...

Efectista por el virtuosismo que requiere, porque está escrito así, virtuosísticamente, pero la esencia del belcanto es la elegancia. Hay que hacer todas esas notas con la expresión dentro, con mucha elegancia.

Como cantante joven y ecléctico, ¿qué opina de los conciertos líricos con amplificación?

Yo he hecho algunos. A veces hay que hacerlos porque hay mucha gente que te quiere ver, pero no es lo más bonito ni satisfactorio para un cantante de ópera. No te escuchan bien, la voz sale siempre de otra manera por unos altavoces.

¿Qué cualidades debe tener una estrella de la ópera del siglo XXI?

Sin duda, muchas más que antes. Debe ser tan actor como cantante y debe tener nervios de acero porque, si llegas a un cierto nivel de importancia, vas a tener una agenda muy difícil, de primeros teatros y siempre transmisiones y todo eso, y entonces, si uno no tiene los nervios así, muy templados, eso te va a pasar factura, te pasa factura a la voz y a todo. Otra cosa esencial, por supuesto, es dominar la técnica, porque es la técnica la que te va a permitir cantar hoy bien aquí y hacerlo dentro de tres días en el otro lado del Atlántico. Y poder prolongar tu carrera, claro. Pero además hoy hay nuevas generaciones de hermosas cantantes, de magnífica voz y, en fin, hoy un cantante de ópera debe ser como un deportista: debe estar en forma, vigilar la alimentación cuidar la línea Y el cantante de hoy debe tener mucha preparación musical y también cultural y humana, nociones de lo que es el mundo, las finanzas

¿Y de política?

También. Hay que saber de todo porque hoy estás aquí y mañana en Tokio. Yo he tenido encuentros con el presidente de mi país, he cenado con los reyes de España Y los cantantes latinoamericanos tenemos más responsabilidad, porque somos como héroes nacionales y tenemos responsabilidades con nuestros países. Yo estoy impulsando proyectos para desarrollar el ambiente musical en mi país y para hacer para hacer un sistema de orquestas y coros infantiles similares al de Venezuela.
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Tenor takes to the high C's like a duck to water
Sue Gilmore, Contra Costa Times, 12 October 2009

The fraught-with-peril aria that got the late, legendary Luciano Pavarotti dubbed the "king of the high C's" will ring out from War Memorial stage Tuesday night, as San Francisco Opera opens its production of Donizetti's "The Daughter of the Regiment." And if there's some anticipatory angst in the air about whether all nine C's will be hit dead on, it's probably because the tenor hurling those piercing notes skyward was anointed the crown prince of the high C's by Pavarotti himself before he died in 2007.

Juan Diego Florez, 36, the Peruvian-born sensation with the chiseled matinee-idol visage and the rocket-fueled career trajectory, will star as Tonio, the lovestruck Tyrolean rube who joins the regiment to win the hand of his dream girl, Marie. It's a cherished role the young tenor has sung many times, making headlines in The New York Times last year in this same Laurent Pelly production by acceding to audience demands and reprising "Ah, mes amis" aria on the spot. It's a stunt he also pulled off in 2007 at the famed La Scala opera house in Milan, where no one had interrupted a performance with an instant encore in three quarters of a century.

"And I didn't know that," Florez exclaims. "I didn't know until the day after, because all these newspapers were saying  even The New York Times had it. And I was, 'Oh, my god, after 75 years?'"

Asked to enumerate the productions of this opera he has done, the tenor uses up fingers of both hands ticking off the cities. Let's see, we compute together, five or six performances per production times 10 cities, times nine high C's (18 when he encores!) ...

How often does he nail them all?

Florez, relaxing for an interview in the Opera House moments after his costume fitting is over, pauses to consider. "Well, percentage? Um, I would say 95 percent!" he says, breaking into a laugh. "I always hit the note, but not always is it as perfect a note as you would wish. Sometimes, of the nine high C's, maybe five are great, you know, and four are ... OK," he allows with a small shrug.

If truth be told, the C holds no special terror for Florez because it falls within his God-given vocal range. It's the high D two tiny half-steps above it that gives him pause, he admits.

"You are born with a voice," he says. "And in a way, you don't choose what you want to sing. It's the quality of your voice that matches a certain repertoire, and that's what you're going to sing."

Florez's repertoire falls firmly within the Italian bel canto (literally "beautiful singing") tradition, and he has garnered international acclaim for his recordings and roles in the operas of Rossini, Donizetti and Bellini. He first appeared in San Francisco as a soloist in Rossini's "Stabat Mater" with the San Francisco Symphony in 1999, returning here to appear in the same composer's "La Cenerentola" in 2003.

Born in Lima, Peru, in 1973 to a father who was a noted singer of Peruvian popular songs, Florez showed an early interest in music that originally led him toward a career in pop as well. As a teenager, he had a rock band; he played keyboards, guitar, drums and sang  the Beatles, Led Zeppelin and his personal favorite, the Rolling Stones. He also sang Peruvian music and composed. "Yes, I wrote songs," he says. "I was becoming kind of an Enrique Iglesias kind of a singer, with those ballads and cheesy romantic things."

A high school teacher putting on some Spanish theatrical opera works known as zarzuelas grabbed the kid with the good voice and showed him how to sing like a proper tenor, playing him records by Carreras, Domingo and Pavarotti. At age 17, Florez enrolled in the free conservatory, still focused on popular music, where another teacher who conducted the National Choir all but abducted him for that, exposing him to "these beautiful works of Mozart, Bach and Beethoven."

He won a scholarship to the Curtis Institute of Music in Philadelphia, where again, because of his singular talents as a tenor, he got co-opted away from his "art songs" curriculum and into opera. In 1996, after finishing up his three years at Curtis, he was preparing for a small part in the least of three operas being presented at the Rossini Festival in Pesaro, Italy, when the proverbial big break came.

The tenor for the main opera, "Matilde di Shabran," canceled due to illness. "It was a few days before the performance, and they were desperate," Florez recalls. "And they heard rumors about a young 23-year-old tenor who, you know, had a good voice."

His triumph there led directly to an engagement at La Scala under conductor Ricardo Muti and the birth of his career.

San Francisco's production of "Daughter" is the same one that garnered raves in Covent Garden and New York, but this time will star German soprano Diana Damrau, making her debut here as Marie. As many times as he has wooed a Marie in sundry cities around the globe, Florez swears he never gets tired of doing it. In fact, it is not the rigorous regimens of those nine high C's by which he assesses his own performance, but an earlier, tenderer aria wherein he first professes his love.

"It's a beautiful aria that requires such a legato, such pianissimi, such high notes, such emotion," he declares. "So that aria, I think you never achieve perfection with!"

Seriously  it's tougher than "Mes amis?"

"It is so difficult because you have to tiiiieeee every note with every other one and make such a beautiful line," he explains. "This (other) aria, 'Mes amis'" and here Florez throws both arms wide open  "is Champagne!"
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